imagen: Vee Speers
imagen: Rocky Schenck
salga a la calle
tome el camino más corto
para llegar a ningún sitio
reparta octavillas que indiquen
cómo construir un pájaro
póstrese ante cada árbol
y aplauda su inmovilidad precisa
condúzcase como un buzón
dispuesto a devorar una mano
aprenda de las palomas del parque
y cáguese en todas las estatuas
muerda el aire con los dedos
olvide todo su hasta aquí
abandónese a la corriente
a la furia de los martes
desnúdese expóngase
déjese atropellar
por una ambulancia
desaparezca así
sin más

texto: Sergio R. Franco. Para acabar con todos sus problemas
imagen: Andrew Wyeth



imagen: ParkeHarrison
Sastres, si lo sois,
vestid de belleza mi rabia.

Aquí celda sonora guardada por el humo
un lugar más para hacer mis solitarios
aquí donde cien dientes se disputan cada beso

aquí me lo contaron

aquí donde nos venden
el amarillo de la bombilla que tiene vocación de tiniebla
la luz que todo lo anochece
una sola ceguera para tantos ojos
un solo fuego para tanta sed

ella

la que se abrió viendo pasear
mis pantalones azules
camino del bar y del ayuno
ella anda de la mano
ella anda de la mano y de la vena
de un heroinómano
                       
herida de lavabo
campo de golf de 18 millones de agujeros
voz seca que no conoce
la bondad del silencio que sólo destruye a su dueño
él es el hogar de la avispa
y quiere compartir su hogar
¡que los hombres fuertes oigan lo que no dice!
¡que lo oigan también hierros
                                        mantas
                                                y abedules!

Pongo alma de hombre fuerte
y escucho
desde el suelo y desde el aire.
No oigo nada, pero sé que no calla.
Jardín cobarde.
No sabe secarse solo
y ello es la mayor traición.

texto: Pedro Casariego
imagen: caché




imagen: Katia Chausheva
imagen: Andrew Miksys
Astronauta,
A mil millas del mundo que los hombres crearan
Para nunca conducir,
Algo conoces de esta tierra
Y algo olvidas,
Algo conoces de las aguas,
Y relatas solitario a tus espacios:
En Atlántida, cuando se hunde océano
Brillan oxidadas las máscaras de los esclavos.
Piensa ahora que te anudas a las tardes
Con el limo en los ojos.
Piensa, con un niño en el pómulo celeste:
A la vuelta está el viento,
El paisaje deleznable de las nieves.
No temas nunca el mar
Que también tiembla.
No juzgues la carrera del Sol
Coronado por los zorros.
Suelta tus manos en los vuelos ajados del alambre:
En la última esquina del tiempo,
Mendigando en retorno, condenado,
Hallarás las mil fases de lo eterno.

texto: Luis Hernández